50 años de una caminata liberadora.

Congreso Continental Teologia

La importancia de las mediaciones en los procesos de liberación.-Estamos de fiesta. Celebramos que hace cincuenta años la iglesia inauguró el Vaticano II, primer concilió donde la iglesia no condenó al mundo sino que lo interpretó y se dispuso a servirlo, entendiendo que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.

Por: Mtro. Alejandro Ortiz

Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (GS 1). Seis años después los obispos latinoamericanos se reunirán en Medellín, Colombia y celebraran la segunda conferencia episcopal latinoamericana, donde se configuró el rostro latinoamericano y caribeño de la Iglesia recién “aggiornada”. Cuatro años después, aproximadamente, un teólogo de la periferia, fiel al espíritu renovador y liberador que soplaba en esos tiempos, escribirá un libro que marcaba el inicio de una teología que nacía de la indignación y proponía la liberación. A partir de entonces nace en la historia del continente lo que se ha llamado la Tradición teológica latinoamericana.

Este nacimiento no fue bien visto por los grupos dominantes de ese tiempo. Políticos, militares y eclesiásticos no estuvieron de acuerdo con esta nueva esperanza y desde entonces se han empeñado en desaparecerla. Sin embargo la fuerte espiritualidad de liberación hizo que en esos hombres y mujeres la defendieran hasta con sus vidas. En ambientes y tiempos oscuros, perversos, violentos, dictatoriales la terquedad evangélica de la liberación se ha mantenido en pie y con vitalidad. Tan es así que estamos por celebrar un Congreso más de teología en nuestro continente. Sin embargo nada de esto hubiera sido posible sin las personas, instituciones, pastorales, catequistas, mártires, obispos, religiosos y religiosas que con sus vidas y trabajos hicieron posible que lleguemos a festejar nuestros primeros cincuenta años de “caminata liberadora”. Un caminar lleno de lodo pero también de canto y color.

Me pregunto si ¿nuestra caminata hubiera sido la misma sin la misa nicaragüense, sin el evangelio de Solentiname, sin los dibujos de Cerezo Barredo? ¿Cómo imaginarnos una iglesia diferente sin la ayuda de los sacerdotes que celebraban las misas con sus estolas llenas de colores en los barrios y favelas; o sin los cantos de liberación que animaban las eucaristías populares; sin el evangelio dialogado, la comunión con pan, el ofertorio con despensas para familias pobres, con hermanas religiosas cantando y organizando -en su apostolado de inserción- la vida cotidiana de la parroquia? Fueron buenos tiempos de utopía vivida y de esperanza encarnada.

¿Cómo llegar a estos aniversarios sin la CLAR?, esa organización de religiosos y religiosas que lo único que pretendían (y siguen pretendiendo) es servir al pueblo desde los criterios del evangelio, tan bien descifrado por sus equipos de teólogos y teólogas que han tenido desde hace más de cincuenta años. Sus presidentes y presidentas han sido grandes hombres y mujeres que sin dejar de ser amables nunca dejaron de ser profetas de la buena noticia cristiana. Quién no recuerda a Cecilio y el “golpe de estado” que sufrió, a Carmen Margarita y su “camino de Emaús”, por decir solo dos nombres de los muchos que hicieron posible una auténtica vida religiosa latinoamericana y caribeña. Como no mencionar a Pedro de Acevedo que hace magia con los números para poder realizar lo que se creía imposible, primero en la CLAR y después con Amerindia.

Cómo llegar a estos cuarenta años sin recordar a Dussel, Assmann, Segundo, al mismo Comblin, esa primera generación de teólogos que fundaron asociaciones como EATWOT y fortalecieron esa reflexión teológica donde los sujetos centrales son los pobres, dónde las víctimas son el eje vital de sus palabras y profecías. Fueron reuniones, congresos, asambleas las que alimentaron a una teología recién nacida y la ayudaron a crecer y a fortalecerse. En esta parte de la historia no podemos olvidar a Sergio Torres que creó amerindia, grupo que nucleó a los principales teólogos y teólogas de la liberación para apoyar a los obispos en su conferencias episcopales, mucho tiempo Amerindia fue incomprendida, exiliada y hasta perseguida, ahora, ya fue consultada por la CELAM para la reunión de Aparecida. Sergio imparable sigue activo creando junto con otras y otros  los Foros mundiales de la Teología de la liberación.

Que sería de estas teologías de la liberación sin la creación de centros dedicados a su estudio como el CAM y el CEE en México, el Valdivieso en Nicaragua, el DEI de costa rica, el CESEP de Brasil, la Universidad Bíblica Latinoamericana (antes SEBILA) en San José costa rica, y muchos más que fueron creando y fortaleciendo una “epistemología de la liberación”, que  enseñaron a pensar la liberación de nuestros pueblos desde el amor a los evangelios y desde la fuerza histórica de los pobres. Se crearon centros de formación que se volvieron referencia continental como ATABAQUE fundado por el P. Toninho para la teología afroamericana, o el CENAMI dónde Clodomiro Siller y Eleazar López difundirán la Teología india. No podemos hablar de un centro en particular de donde haya salido la teología feminista de liberación sino que tenemos que hablar que en la mayoría de estos centros había una teóloga que hablaba de Dios sin dejar de ser mujer, recordamos en especial a Elsa Tamez del DEI, Ivone Gevara en el CESEP, Antonieta Pottente en la CLAR.

Cómo analizar la América latina y el Caribe sin el aporte de las comunidades eclesiales de base (CEB). Ellas han engendrado dos procesos muy importantes para la vida latinoamericana. Lo primero es que fueron la base para la militancia política del continente, muchos hombres y mujeres que al no encontrar ya en la estructuras eclesiales posibilidades de ampliar su compromiso social, crearon o llegaron a las llamadas ONGs (organizaciones no gubernamentales). En ellas laicos comprometidos en las causas de liberación dieron su experiencia, su tiempo, sus conocimientos, su vida entera para formar redes de la sociedad civil que defienden los derechos humanos, forman cooperativas, generan proyectos de desarrollo social, forman cuadros políticos, etc. Las CEB han dado pensadores y militantes, pastoralistas, y podemos decir que hasta presidentes.

Lo segundo es que han sido la versión más encarnada y cercana a lo que quería Jesús de Nazaret, ya que en sus reuniones las personas excluidas y empobrecidas se convirtieron en sujetos, encontraron nuevos sentidos de dignidad y pertenencia, aprendieron a leer para saber utilizar la palabra de Dios en su vida cotidiana, se comprometieron y transformaron su sociedad. Cantaban y celebraban en sus eucaristías la vida y la esperanza de un nuevo mañana. Se encontraban con otros y otras, semejantes a ellos, en congresos nacionales y continentales, se formaron en los talleres de “Marins y equipo” y ahora se articulan continentalmente con Socorro Martínez que ha dado toda su vida a ellas.

Celebremos  el concilio Vaticano II y el “aggionarmento” que aun pendiente en muchas cosas, sigue siendo causa de esperanza para la iglesia. Celebremos el libro de Gustavo y el inicio correspondiente de la teología latinoamericana y caribeña. Pero también reconozcamos y celebremos a quienes han hecho posible nuestra caminata de liberación. Celebremos con memoria y con agradecimiento a personas que con valentía y fraternidad han hecho posible que la utopía de la liberación se vuelva posible y tenga un rostro cercano, compasivo y verdadero.

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