Alejandro Murat, ingobernabilidad política

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El primero de diciembre del 2016 a media noche en las instalaciones de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, Alejandro Murat Hinojosa tomó protesta como gobernador constitucional del estado, con la asistencia de 34 de 42 diputados locales e invitados especiales de su partido.

 

La cancelación del acto formal y protocolario de la toma de posesión dio en un primer momento la impresión de haber sido una jugada política razonable, o al menos así lo pensaron sus operadores y consejeros. Finalmente ni la prensa pudo ocultar que la llegada de Murat Hinojosa a la gubernatura no representaba un proceso democrático para el pueblo, hizo aún más visible la fractura social que existe entre los gobiernos en turno, el pueblo de Oaxaca y sus organizaciones sociales-sindicales; recalco que la estructura de Estado está repartida entre diferentes grupos de poder que mantienen negociaciones constantemente.

Alejandro Murat lleva tres meses de gobierno de una estadía de 6 años. Y las cosas no van viento en popa, sendos errores políticos que desbalancean al gobierno de la cimitarra árabe.

La deuda que heredan del gobierno de Gabino Cué asciende a 23 mil millones de pesos, a ello le suman los desfalcos en diversas dependencias de gobierno dentro de las que destacan el sector salud, que a finales del año pasado sostuvieron una movilización de más de 20 días. Pero el gobierno de Alejandro Murat no ha planteado una investigación seria para castigar los delitos cometidos por Gabino Cue contra el pueblo de Oaxaca, eso nos hace pensar que existe un pacto entre gabinistas y muratistas tanto para regresar el poder al PRI, como para proteger las espaldas de Gabino y sus secuaces.

A finales del año pasado, también, se anunció que la federación aumentaría otros 5 mil millones de pesos para el presupuesto de Oaxaca, con lo que se llegaría a 90 mil millones de pesos que se destinan para el estado. La primera impresión que dio el aumento al monto económico es que sería utilizado para aumentar los programas sociales, ha sido todo lo contrario, dichos recursos aumentados vienen etiquetados para fortalecer los proyectos y programas aprobados a partir de la implementación de las reformas estructurales.

Tal es el caso que una partida importante va a ser invertido en la zonas económicas especiales que en Oaxaca contempla el Istmo, Mixteca y Costa; así también para programas federales como el de las Escuelas al 100. En ambos casos los grandes ganadores son los monopolios extranjeros canadienses, estadounidenses, españoles.

Durante los primeros meses de gobierno, Murat ha logrado sentar para dialogar a sus compañeros de partido, con los otros partidos electoreros, con organizaciones sociales y sindicales. En todos los casos se han tomado la foto y han suscrito acuerdos para garantizar la gobernabilidad. Pero esto no ha detenido las movilizaciones sociales que crecen día con día.

Lo cierto es que las pugnas internas Murat-Ruiz Ortiz aún mantienen las estructuras de Estado estáticas e inmovilizadas, y gran parte del presupuesto social es guardado de cara a la ruta 2018, de tal manera que ante las inevitables consecuencias de la crisis que vive el país, no existe posibilidad de que Murat esté en condiciones de generar gobernabilidad duradera. Lo observable es que han asumido una posición de clase, comienza a vivirse un clima de algidez política ante el incumplimiento de demandas centrales del movimiento social, que van desde la libertad de los presos políticos hasta la resolución de problemas sociales.

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