¡2 de octubre no se olvida!

Hace 49 años, la dictadura priista, utilizando al ejército, policías y paramilitares, ejecutó los más aberrantes delitos de lesa humanidad masacrando con toda impunidad a jóvenes estudiantes que buscaban justicia y libertad en el corazón de México.

 

Eran jóvenes,

eran soñadores,

amaban la vida,

amaban la libertad,

fueron asesinados con tanques y metralletas.

 

Hace 49 años, la dictadura priista, utilizando al ejército, policías y paramilitares, ejecutó los más aberrantes delitos de lesa humanidad masacrando con toda impunidad a jóvenes estudiantes que buscaban justicia y libertad en el corazón de México.

 

Este marcado desprecio hacia los jóvenes, los pobres y los indígenas es la negra herencia de quienes ha sangre y fuego nos han gobernado desde la época de La Colonia.

 

Con promesas de liberación de la esclavitud, los españoles se sacudieron la dependencia de la Corona Española, derramando la sangre de miles de indígenas en busca de una libertad que no encontraron.

 

Esa clase política y económica gobernante, fue incapaz de impedir la invasión y robo descarado de más de la mitad de nuestro territorio por parte de los Estados Unidos en 1847 e impuso la terrible dictadura porfirista a todo aquel que pretendiera rebelarse.

 

La Revolución Mexicana en 1910, intentó sacudirse el viejo yugo colonial y lograr la libertad tan largamente esperada, más de un millón de muertos no fueron suficientes; los líderes revolucionarios fueron asesinados y los asesinos considerados héroes por los dueños del poder económico que nos impusieron otra larga dictadura militar a través de farsas democráticas.

 

En 1929, el Partido Nacional Revolucionario, antecedente del actual Partido Revolucionario Institucional, tomaba la estafeta de esa amarga dictadura para el pueblo. Dictadura que ha dejado cientos de miles de mexicanos y mexicanas asesinadas a lo largo sus 88 años en un poder del que nunca ha sido posible expulsarlo.

 

No basta recordar el movimiento ferrocarrilero de 1958, el movimiento estudiantil de 1968, la Guerra Sucia a partir de 1970 pasando por las diversas masacres como la de Aguas Blancas, Guerrero el 28 de junio de 1995; la masacre de Acteal, Chiapas el 22 de diciembre de 1997; la masacre de El Charco, Guerrero el 07 de junio de 1998; las ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada de personas, fabricación de expedientes, tortura cárcel y represión en la Región de los Loxicha, Oaxaca desde 1996; la masacre de Agua Fría el 31 de mayo de 2002 en la Sierra Sur de Oaxaca; las ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada de personas, fabricación de expedientes, tortura cárcel y represión contra la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en el 2006; las ejecuciones selectivas de líderes sociales antes, durante y después de la llegada al poder de Gabino Cué Monteagudo que se profundizó con la llegada del represor Enrique Peña Nieto a la Presidencia el 01 de diciembre 2012, quien hizo sentir su presencia con represión, cárcel y muerte ese mismo día.

 

Los defensores de derechos Humanos Damián Gallardo Martínez y Enrique Guerrero Aviña fueron desaparecidos, torturados y encarcelados la noche del 17 y 18 de mayo de 2013 junto con otros nueve varones y dos mujeres.

 

El 26 de septiembre de 2014, la dictadura priista llevo a cabo la peor represión de esa año ejecutada por la policía y por el ejército, contra la Normal de Ayotzinapa, Guerrero dejando seis jóvenes asesinados, más de veinte heridos y 43 normalistas desaparecidos.

 

La movilización estudiantil, magisterial y popular no pudo parar la represión, el encarcelamiento y las ejecuciones extrajudiciales de integrantes de un criminalizado movimiento social.

 

El 19 de junio de 2016, fueron asesinados ocho y heridos de bala más de 100 indígenas en Nochixtlán, Oaxaca. La impunidad es la respuesta a los reclamos de justicia.

 

Las y los defensores de derechos humanos de igual modo que periodistas no han escapado ha esta escalada de muerte, Miroslava Breach y Javier Valdez son los casos más sobresalientes de esta espiral violenta que no respeta los más elementales derechos humanos de los habitantes de un país que enfrenta la peor política colonizadora de la era moderna, con amenazas de muros incluidas.

 

Así:

Porque la paz y la democracia no se imponen a punta de bayoneta,

porque con pequeñas pero perseverantes acciones tenemos la esperanza de un mundo mejor,

porque trabajar por la unidad popular, la libertad y la vida son una obligación,

porque la justicia no se mendiga sino que se exige,

porque acabar con la impunidad es una necesidad inaplazable, gritemos, exijamos:

 

¡¡¡Vivos los queremos!!!

 

Juan Sosa Maldonado

 

Unión Europea, 01 de octubre de 2017

 

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